La Segua

Muchas historias tiene, pero me atrajo la sencillez con que me contó Don Jesús Alvarado la suya, campesino de Quircot comunidad situada al este de la ciudad de Cartago, Costa Rica.

Dice así:

Los hombres trasnochadores y borrachos tenemos más probabilidad de topárnosla cuando venimos de la cantina pasando por trillos y cafetales.


 

Bella como el girasol, de curvas pronunciadas y grandes bustos, piernas torneadas como bizcocho de maíz, su cara por mi borrachera no se notaba muy bien.

Al pasar junto a ella en mi caballo a las 11 de la noche, me pidió fuego para encender un cigarro, de inmediato saqué mis fósforos y al encender, miré su cara de yegua, con sus grandes dientes y sus ojos rojos y endemoniados, caí desmayado sobre mi caballo y duré 4 días con la lengua trabada.

¡CLARO MUCHACHO ERA LA SEGUA!